Soy el tercero de una familia de cuatro hijos, mi infancia fue tranquila, mi madre era una mujer religiosa, aprendí de ella los primeros pasos cristianos, mi padre era médico y mi madre química, trabajaba en un laboratorio en un hospital de lepra, a veces nos llevaba al laboratorio donde había microscopios, matraces, vasos de precipitados, placas de Petri y esto me hacía feliz.
Asistí a una escuela primaria dirigida por monjas donde aprendí historias de Noé, Abraham, Moisés, Sampson y también de Jesús. Al crecer ingresé a la secundaria, en esa época solía asistir a la misa dominical con mi familia. A los 16 años estudié el bachillerato donde conocí la forma científica de razonar lo que me hizo cuestionar las historias religiosas que había aprendido en mi infancia, por lo que mi fe disminuyó hasta el punto de dejar de asistir a los servicios. En esa época falleció mi padre.
A los 19 años entré en la Universidad, había dos opciones para estudiar una carrera, quería ser médico como mi padre o ser químico como mi madre, finalmente me decidí por estudiar química, quería seguir los pasos de mi madre y dedicar mi vida por entero a la investigación de la lepra. Por aquel entonces mi fe era tan débil que pensaba que las historias que había aprendido en mi infancia no eran más que cuentos de hadas. Allí en la Universidad tenía compañeros que se dedicaban a las drogas, eran drogas light pero de todas formas cuando me invitaban a veces los aceptaba. Mi vida no era tan recta en ese tiempo, sentía que formas malvadas rodeaban mi vida. Recuerdo que una vez en la Universidad uno de mis compañeros me comentó que se le habían acercado unas personas dedicadas al tráfico de drogas vestidos como estudiantes proponiéndole mucho dinero si él o alguien más decidía trabajar con ellos en un laboratorio clandestino escondido en las montañas donde tenían equipo especializado y materia prima para sintetizar drogas, lo único que necesitaban eran estudiantes de química a punto de graduarse para realizar la síntesis. Nunca supe si alguien lo aceptó.
Vivía momentos difíciles, mis notas escolares bajaban, sentía que el mal me rodeaba. Mi madre se dio cuenta de esta situación y habló conmigo y decidió llevarme a un sacerdote que conocía de su juventud.
Recuerdo una noche que estaba solo en mi habitacion y empece a razonar “Bueno, no tengo duda de que el mal existia realmente, entonces por que no la bondad debe existir tambien y por lo tanto Dios debe existir realmente” entonces recuerdo que cerre los ojos y rece una oracion “Dios si realmente existes dejame conocerte, quiero sentir tu presencia” despues de eso senti una paz interior en todo mi cuerpo, algo que no habia experimentado en mucho tiempo, este fue el dia de mi conversion al cristianismo. Todo lo que habia aprendido en mi niñez ahora tenia sentido, todas las historias biblicas que habia escuchado en mi niñez bajaban de mi memoria a mi corazon como historias verdaderas. Empecé a asistir a misa de nuevo, a rezar el rosario, a asistir a cursos bíblicos y a retiros espirituales, todo se renovó en mi interior.
Ahora mi vida corría en dos direcciones. Por una parte estaba la manera científica de pensar y por otra parte mi nueva vida religiosa, ambas corrían paralelamente separadas una de la otra. Entonces recuerdo que en una ocasión mi profesor de biblia invitó a todo el grupo a una conferencia sobre la Sábana Santa a la que todos asistimos, yo nunca había sido consciente de la existencia de esta reliquia. Al terminar, quedé convencido de que la Sábana Santa era auténtica. En esa conferencia me di cuenta de que el método científico no estaba en contra de la fe, sino que la ciencia podía apoyar la creencia religiosa, no estaban enfrentadas. Entonces mis dos formas de pensar que en aquel momento corrían en direcciones paralelas hicieron un clic y se unieron convirtiéndose en una sola, el objetivo de ambas era la búsqueda de la VERDAD. Lo mismo sucedió cuando supe de los milagros eucarísticos y de la Tilma de Guadalupe que también es una tela apoyada por la investigación científica.
En aquel tiempo, tuve un sentimiento interior de convertirme en sacerdote o monje viviendo en silencio rezando en un monasterio. Por aquel entonces mi madre enfermó y todos los hermanos cuidamos de ella, su enfermedad duró varios años hasta que falleció, entonces fui libre para cumplir mis deseos. Recuerdo que en uno de mis cursos bíblicos conocí a un monje que me invitó a pasar un tiempo con los monjes en su monasterio. Asi que fui con el y pase una semana durante el tiempo de Navidad, no habia hablado con el sobre la posibilidad de convertirme en monje. El primer día que llegué al monasterio fui a la capilla, y allí en un lado, vi el tabernáculo donde el pan de la Eucaristía estaba dentro cubierto con un paño y el rostro de Jesús en él, pero no era un rostro normal, era el rostro de Jesús obtenido de la Sábana Santa de Turín que me hizo sentir como en casa, pensando para mis adentros “¡Oh!
Señor, esto podría ser una señal de que podría pasar el resto de mi vida en este monasterio”.
Los siguientes días no dije ni una palabra sobre mi deseo de ser monje, finalmente decidí hablar con el monje que me invitó al respecto, me miró y comenzó a explicarme que había reglas que cumplir para ser admitido, me dijo que tenían un límite de edad, en ese momento yo tenía 40 años, así que me dijo que no había posibilidad de que yo formara parte de su comunidad, sentí como una ducha de agua helada sobre mí, recuerdo que salí triste de la habitación y caminé hacia mi celda (cuarto) donde solo había una cama, un baño y un escritorio, una vez dentro, me sentí de rodillas llorando y diciendo en voz alta “Oh Señor por qué me has abandonado, tú sabes que yo quería seguirte aquí en este monasterio y hacerme monje, ¿por qué me has abandonado por qué?” Permanecí de rodillas llorando durante unos 15 minutos más o menos, luego levanté la cara y me di cuenta de que allí en el escritorio había una biblia, que cogí y abrí al azar y leí el siguiente texto “Pero Sion dijo, el Señor me ha abandonado, mi Señor me ha olvidado, ¿Puede una madre olvidar a su niño, estar sin ternura por el niño de su vientre? Aunque ella lo olvide, yo nunca te olvidaré”. Cerré la biblia no daba crédito a lo que acababa de leer, me sentí rodeada de gozo y felicidad y comencé a llorar de nuevo, esta vez eran lágrimas de felicidad y agradecimiento, susurrando JESUS MUCHAS GRACIAS.
Más tarde, probé también la vida benedictina y el monasterio cisterciense, pero la respuesta fue la misma. Por aquel entonces, hacia 1990, mi hermano mayor, que es ingeniero químico, escribió un libro sobre química, uno de cuyos capítulos estaba dedicado al estudio de los isótopos, en el que mencionaba que varios isótopos radiactivos eran útiles en la investigación científica, como la química, la medicina o la física, y que el C-14 era un método para determinar la edad de los fósiles que una vez fueron organismos vivos. Para reforzar esta afirmación, mencionó en su libro que se había demostrado que la Sábana Santa de Turín era falsa, porque la prueba del C-14 había concluido que se trataba de una falsificación medieval realizada entre 1260-1390 d.C. Cuando leí eso, supe que no podía ser cierto, yo estaba seguro de que la Sábana Santa era auténtica, estaba convencido de que era el lienzo funerario de Jesús. En ese momento no tenía argumentos para contradecir esta conclusión, así que decidí acercarme al Centro Mexicano de Sindonología (CMS) que es un grupo de personas dedicadas al estudio y difusión de esta reliquia: la Sábana Santa (Sindon). La respuesta que obtuve de ellos fue que la Sábana Santa había sido contaminada con bacterias y hongos que formaron un bio-
película de plástico en la sobrefase de la tela que aumentaba la cantidad de C-14 desplazando la edad de la Sábana Santa aparentando ser más joven. Hoy sé que no es la respuesta correcta, pero en aquel momento esta respuesta me satisfacía, así que se lo comenté a mi hermano y lo único que hizo fue añadir un comentario en su libro explicando que existían investigadores de la Sábana Santa que no estaban de acuerdo con la conclusión de que la Sábana era una falsificación medieval.
A partir de entonces, me hice miembro del Centro Mexicano de Sindonolgía CMS, y empecé a asistir a la conferencia mensual sobre la Sábana Santa (todavía la tienen) y empecé a leer libros sobre la Sábana Santa. En 2010 un amigo italiano Giulio Fanti me invitó a Franscatti, Italia, cerca de Roma como ponente a unas conferencias sobre la Sábana Santa y la tilma de Guadalupe que acepté. Una vez terminadas las Conferencias, todo el grupo incluido yo, viajamos al norte de Italia para ver la Sábana Santa en una exposición que se realizaba. Llegamos a un hotel en un pueblo llamado Savigliano a una media hora de Turín porque no había habitaciones disponibles en la ciudad de Turín, mucha gente estaba allí para la exposición de la Sábana Santa. Al día siguiente nos trasladamos a Turín, el autobús aparcó junto a un parque, al acercarnos a la Catedral, me di cuenta de que para ver la Sábana Santa había una gran cola de gente esperando para ver la reliquia. Esta situación en vez de alterarme me hizo mirar hacia mi interior decidí hacer silencio en mi interior, esto me hizo recordar los detalles de toda mi vida, recordando las muchas situaciones que había vivido en los años anteriores pensando como el Señor me concedió la oportunidad de estar aquí para ver la Sábana Santa. Después de 2 horas de espera en la cola, entramos en la Catedral, las luces eran tenues, el ambiente era santo lo que invitaba a la meditación. Una vez frente a la Sábana Santa como estaba en completo silencio pude sentir la presencia del Señor, estaba en completa gratitud por esta oportunidad, fue una de las experiencias más grandes de mi vida. El tiempo permitido para estar frente a la Sábana Santa era de sólo cinco minutos, luego salí de la Catedral, pero como tenía tiempo de sobra decidí nuevamente hacer la fila y así lo hice. Fue una gran experiencia en mi vida que nunca olvidaré.