Cuando pensamos en la Resurrección, pensamos en la tumba vacía. Pero en el Evangelio de Juan, el relato se centra en los lienzos funerarios.
Según la tradición cristiana, el propio Juan fue el “discípulo amado” que vio morir a Jesús en la cruz. Vio cómo bajaban a Jesús y lo envolvían en un sudario funerario. Tres días después, Juan descubrió el mismo sudario en la tumba. El cuerpo había desaparecido y el sudario estaba tumbado, como si se hubiera desinflado como un globo.
Juan describió este momento de una manera muy particular: “vio” y creyó.
De hecho, cuando Juan narra esta historia utiliza el verbo “ver” tres veces en sólo cuatro versículos, pero no de la misma manera cada vez. Sólo lo verás en el original griego, pero es clave para entender la Sábana Santa. Repasemos la historia línea por línea.
Imagina a Pedro y a Juan corriendo hacia la tumba vacía. Juan llegó primero al sepulcro. Se inclinó y miró dentro, pero no entró.
El Evangelio dice que “se inclinó y vio”. En griego, el verbo ver es blepo. Se refiere al acto básico de ver o darse cuenta de algo.
Entonces Pedro alcanzó a Juan. Sin vacilar, Pedro bajó al sepulcro. Vio los lienzos del sepulcro y lo asimiló todo.
Aquí el verbo para “ver” es la palabra griega theoreo. Significa una mirada más deliberada y reflexiva, como un examen cuidadoso. Pedro vio los lienzos funerarios: el lienzo grande y el lienzo de la cara doblados por separado. Empezaba a comprender que estaba viendo unos lienzos vacíos, sin ningún cuerpo envuelto en ellos.
Finalmente, Juan entró en la tumba. Nos dice que cuando lo hizo, “vio y creyó”. Ahora el verbo es horao. Este “ver” es como un momento de revelación, como una visión espiritual. Juan no sólo vio los paños físicamente, sino que “vio” lo que significaban. Vio y creyó.
Fíjate en que Juan no fue movido a creer por una visión de Jesús. Le movió a creer el sudario funerario. El mismo sudario que envolvió a Jesús en la muerte se convirtió en testigo de su Resurrección.
Los Evangelios cuentan que Jesús se apareció a mucha gente después de la Resurrección. Invitó a su discípulo Tomás a sondear sus heridas y a creer. Hoy, la Sábana Santa nos invita a sondear sus misterios y a abrir los ojos para mirar más profundamente.
Así que la pregunta es: ¿Cómo se mira la Sábana Santa? ¿Con los ojos de la ciencia, de la fe o una mezcla de ambas?